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miércoles, 13 de agosto de 2014

Retratos: Robin Williams



Hace dos madrugadas nos dejó uno de los mejores actores del último tercio de siglo XX. Hablamos del carismático y siempre agradable Robin Williams. Actor dotado de una excelente vis cómica, pero también capacitado para el drama o ese compendio de géneros indisolubles llamado -popularmente- dramedia. Se hace necesario, pues, un repaso a la trayectoria artística de este actor.
Nacido en la ciudad del viento -Chicago-, hijo único de un ejecutivo de la industria automovilística. En un ambiente económico holgado, no mostró interés en la interpretación hasta una tardía adolescencia.

A finales de la década de los 70, Williams empezó a surgir como un excelente comediante y artista para el medio audiovisual. Sus primeras experiencias en el tubo catódico son muestra de ello: Mork y Mindy (Mork & Mindy, 1978-82), serie donde se granjeó una gran popularidad -dando vida a un extraterrestre- que le permitió dar el salto a la gran pantalla.

En la década de los 80 realiza sus primeras películas demostrando riesgo y saber hacer. Dos adaptaciones y las dos heterodoxas. El marino Popeye (id., 1980) de Robert Altman, un musical excéntrico y la sátira El mundo según Garp (The World According to Garp, 1982) donde George Roy Hill tomaba la novela de John Irving para hacer un retrato de la américa post-hippie.
Pero pronto llegó el papel a la medida. Uno que aprovechaba los talentos vocales de Williams, su anárquico sentido del humor pero no olvidaba las legislaciones obligadas y forzosas con el sistema. Y ese papel era el del locutor Adrian Cronauer de Good Morning Vietnam (id., 1987). Aderezado por una banda sonora vertiginosa de la época, la película hizo evidentes los talentos de Williams para sostener películas, por otra parte, no tan sugerentes sin él.

Su primera nominación a los Oscar llega con El club de los poetas muertos (Dead poet society, 1989), donde interpreta al icónico profesor de literatura John Keating. En este film de Peter Weir donde demuestra que no solo es válido para la comedia sino que también es habilidoso para el drama.

La década siguiente comenzaría con dos films capitales en su carrera; Despertares (Awakenings, 1990) y El rey pescador (The fisher king, 1991). Sendas muestras de talento interpretativo y ambas obras de gran enjundia.
Estamos ante un Williams en plena forma y capaz de todo, actuando en obras de matiz familiar e infantil: Hook (id., 1991), Aladdin -magnífico prestando voz al genio de la lámpara- (id., 1992), Señora Doubtfire (Mrs. Doubtfire, 1993), Jumanji (id., 1995) o Flubber (id., 1997); muchos de ellos marcaron a toda una generación. También participó en proyectos más arriesgados como Jack (id., 1996), a las órdenes de Coppola; Una jaula de grillos (The Birdcage, 1996), con uno de sus papeles más desternillantes; Hamlet de Kenneth Branagh (Hamlet, 1996), actuando en la obra magna de Shakespeare.

Pero, a finales de los 90, llegó el Oscar en la piel de un psicólogo en El indomable Will Hunting (Good Will Hunting, 1997). El reto de Williams, tendiente al exceso, no era tanto demostrarse calmado en la gestualidad como prueba de que se trata de un buen actor si no, más bien, de usar sus capacidades expresivas para dotar de registros y matices al hombre común. Su interpretación, tranquila y sutilísima, es uno de los elementos que, de nuevo, guian a la película de Gus Van Sant a lo notable y emotivo.

Después de su galardón llegó la irregularidad, aciertos contra patinazos y un perfil más secundario en la mayoría de producciones en las que participó. Aparece su figura inédita de villano, reinventándose una vez más, en obras como Insomnio (Insomnia, 2002) y Retratos de una obsesión (One hour photo, 2002). En el apartado de lo olvidable nos encontramos Patch Adams (id., 1998), Más allá de los sueños (What dreams may come, 1998) o El hombre bicentenario (Bicentennial man, 1999), fallida adaptación de un relato corto de Asimov. Films que buscan el rápido sollozo y el sentimentalismo barato.
En su última etapa nos encontramos con papeles muy olvidables, doblaje de personajes animados y un marcado cine familiar donde antaño fue el rey.
Pero Williams dejó al menos un par de pruebas de su capacidad de actuación, demostrando que no era su talento el que había envejecido. El mejor padre del mundo (The world's greatest dad, 2009), donde realiza un tour de force en el papel de un padre encubriendo el suicidio de su hijo y El mayordomo (The butler, 2013), metiéndose en el papel del presidente Eisenhower; son claros ejemplos de su talento interpretativo.
Desde aquí un adiós al actor surgido de la risa, que nos arrancó más de una lágrima y con el cual crecieron más de una y dos generaciones. Monstruo interpretativo a la altura de los grandes.

P.D. Uno de sus últimos monólogos. Simplemente genial










lunes, 28 de febrero de 2011

Personajes emblemáticos I

En el cine hay films que con la presencia y el carisma de un personaje con un determinado carácter nos hace cogerle cariño, amor, desprecio, temor, entre otras aptitudes. El celuloide a lo largo de su historia nos ha enseñado cantidad de películas y variedades de géneros pero solo unos pocos films pasarán a la memoria colectiva con el paso de las décadas y de los siglos. Un buen personaje es indisociable de una obra fílmica y viceversa. También encontramos personajes que hacen maravillosas, bellas o especiales a muchas películas. Ahora mismo me vienen varios ejemplos en la cabeza pero enumeraré 7 personajes -en este primer post- que en mi mente se me han hecho inolvidables y perpetuos. Estan ordenados por orden cronólogico conforme se hicieron estos films pero no hay orden de importancia.

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Grandes Finales

Después de un tiempo de inactividad quería redactar algo que me llenara plenamente. Siempre me han apasionado las listas. Creo que es una forma de agrupar gustos y diferencias comunes.
Un film ha de tener un inicio que enganche que te mantenga en el asiento desde el minuto 1; un nudo que desarrolle los personajes y la acción de estos en la historia; finalmente el gran cierre del telón. Muchos films mantienen los dos primeros puntos pero se estrellan a la hora de finalizar. Sobrados ejemplos hay de finales malos que arruinan films, también es cierto que a veces todo el film en conjunto es malo. Como decíamos me encantan las obras cinematográficas que te dejan con buen sabor de boca, léase final bien construido. Síntoma de buen guión y de buen montaje del film. He aquí unos de mis finales preferidos, con orden totalmente aleatorio. Recordad que es una lista personal y abstenerse leer los que no hayan visto las susodichas citadas a continuación. 15 grandes cierres {SPOILERS}

viernes, 2 de julio de 2010

Sleepy Hollow; El guerrero sin cabeza



Tim Burton allá por finales de los 90 se embarcó en un proyecto muy particular basado (muy libremente) en un cuento de terror sobre un caballero sin cabeza: La leyenda de Sleepy Hollow, escrita por Washington Irving y convertida en todo un clásico en Estados Unidos.

El rodaje de Sleepy Hollow (1999) está ubicado en parajes próximos a Minnesota. La ambientación es muy burtoniana donde predominan los colores oscuros y todo denota un aire muy gótico. El director norteamericano cuenta con un gran reparto en liza, principalmente muchos de sus actores habituales (Christopher Lee, Michael Gough, Christina Ricci) y su actor fetiche por antonomasia: Johnny Depp. También participan Michael Gambon, Jeffrey Jones, Ian McDarmid y Christopher Walken. El guión está muy bien elaborado por un artesano en la materia Andrew Kevin Walker, guionista de esa obra maestra que es Seven (1995) y de títulos de renombre como Asesinato en 8mm (8 MM) o The Wolfman de reciente estreno. Cabe decir que el film fue producido por el gran Francis Ford Coppola, en otro más de sus proyectos con buen ojo comercial. El film fue un gran éxito mundial y le permitió a nuestro querido Burton realizar un proyecto de gran envergadura; el remake de El planeta de los simios. Pero eso es arena de otro costal.

martes, 21 de abril de 2009

La sangre es la vida

El cine ha encumbrado grandes mitos y leyendas. Una de las grandes temáticas de las que se ha nutrido el séptimo arte es, sin duda, el vampirismo.
Hace más de un siglo hubo un escritor irlandés llamado Abraham Stoker creó su obra maestra: El conde Drácula. Éste libro narra la historia ficticia basada en el príncipe rumano Vlad Tepes.
Para esta novela se sirvió de los conocimientos de un erudito orientalista húngaro llamado Vámbery con el cual se reuniría varias veces para que le contara las peripecias del Príncipe de Valaquia y de libros como el de Emily Gerard, "Informe sobre los principados de Valaquia".
Stoker concibió la obra cuando, a raíz de una indigestión de cangrejo, tuvo alucinaciones de una especie de rey de los vampiros que salía de su tumba en busca de sangre.
Se sabe actualmente que Bram Stoker se basó en la condesa Erzsebet Bathory (1560-1614), gran bebedora de sangre, y en ésta misma realizaba sus baños creyendo que le devolvería la juventud. Vivía en Transilvania, publicaba avisos en los que solicitaba doncellas para integrar su corte, a las que luego asesinaba para quitarles la sangre y bañarse en ella. Cuando fue descubierta, en las mazmorras de su castillo se descubrieron decenas de cuerpos de mujeres a los que le faltaba la totalidad de la sangre.